26 mar. 2017

ODA A UNAS ZAPATILLAS

A modo de historia. UN CANTO A LA AMISTAD

Un día mi amigo Koldo me preguntó; ¿Qué número de pies calzas? El 42. Le respondí. Pues ya tienes unas buenas zapatillas. A mí me las han regalado y calzo un número más pequeño. Estas fueron las primeras y únicas zapatillas que he tenido de marca. Si; esa marca, que por logo tiene algo que se asemeja a un bumerán y que de su nombre solo se pronuncian la mitad de las letras que lo forman.
Buenos, pues esas zapatillas, recorrieron conmigo todos o casi todos los Caminos de Santiago habidos y por haber. Fueron desde Sompor a Santiago al igual que desde Roncesvalles, El Camino del Norte, La Vía de la Plata, etc. Nunca jamás con ellas tuve una ampolla, ni un roce, ni un mal traspiés. Pero en el año 2004 en el pueblo cacereño de Valdeaslor, con mucha pena me dijeron que no podían seguir más, que estaban muy cansadas de recorrer los senderos de España. Y con una gran pena y dolor de mi corazón en un contenedor de reciclaje quedaron para siempre. Yo, como desagravio les escribí esta oda a modo de despedida y elegía.
UN CANTO A MIS ZAPATILLAS
Vida arrastrada habéis llevado,
de un lado a otro hemos andado.
Por las aceras, por los caminos,
horadando montes y quemando asfalto.
Unos eran caminos secos y áridos,
otros con mucha lluvia, piedras y barro...
Que buenas fuisteis conmigo,
que bien, mis pies han calzado.
¡Ay, zapatillas!
Cuántos caminos hemos hollados.
Unos subiendo, otros bajando.
Juntos España de Norte a Sur
de Este a Oeste hemos cruzado.
Por sus senderos, por sus caminos
siempre muy juntos, siempre andando.
Hemos hollado; valles muy verdes,
bosques muy densos e intrincados,
campos sin horizontes y en barbechos,
montes altos y escarpados,
dehesas de encinas y finos pastos.
¡Ay, zapatillas!
Cuántos caminos hemos hollados.
Hemos dormidos en buenas camas,
sucios colchones y en suelos bajos.
Nos acogieron en los albergues,
en los refugios, bajo tejado…
Vimos estrellas y ardientes soles,
negras tormentas con fuertes truenos
y sus relámpagos nos asustaron.
¡Ay! Zapatillas,
Cuántos sueños.
Cuántos muy junto, hemos soñado,
entre encinas y pinos verdes,
frondosos robles, viejos olivos,
carrascos jóvenes y algún naranjo.
Soñar; soñamos, con los caminos, 

caminos viejos, que a los hombres
han hermanados.
Soñar; soñamos, con esa paz 

que tanto, tanto la deseamos.
Soñar; soñamos y seguiremos
siempre soñando.
Ahora amigas mías, 

 mis compañeras
de mil fatigas y duras bregas.
Os dejo solas en el Camino.
Yo, sigo andando hacia mi meta.
Espero que pronto me olvidéis 

y yo olvidaros si es que pudira.
Y no quisiera por nada del mundo 

yo añoraros.
Aquí os dejo, en este pueblo 

junto al Camino,
que yo me marcho.
Sigo camino, camino andando.
Amigas mías os digo adiós,
adiós, amigas os doy las gracias

por tanto amor.
Os dejos solas, solas muy solas 

y yo me marcho con mi dolor.
Os he fallado, sigo yo andando
por los caminos voy recordando.
Septiembre 2004

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