21 jun. 2010

RECUERDOS

EL VIEJO OLIVO.

Olivo viejo, retorcido,
arrugado, y seco.
Abatido por un rayo,
piadoso y justiciero,
hoy semienterrado y escondido
en un recodo angosto
de un polvoriento sendero.

Añoso y nudoso olivo,
fue el pasar del tiempo,
quien dejó en ti huellas,
y profundas cicatrices
y sangrantes recuerdos.

Viejo olivo curvado sobre ti,
de tus retorcidas ramas,
hace ya mucho tiempo
que el fruto se ausentara,
ese mismo fruto que antaño,
cual millares de estrellas
chispeantes brillaban
colgadas de tus ramas.

Te quedaste muy solo,
las aves se marcharon,
olvidaron tus ramas.
Ya no trinan en tus copas,
los jilgueros a la alegre mañana.
Y aquel viejo búho,
que tanto ululaba,
se buscó otro olivo
con más frondosas ramas.

Aquello tus retoños,
que a tu tronco crecían
y de ti se alimentaban,
también te abandonaron,
sin volver la mirada.

Ya no te envaneces
de tus frondosas ramas
de tu robusto tronco,
y el fruto que mostrabas.

Olivo añoso de nudos lleno,
de secas ramas,
tronco torcido y hueco.
Son heridas de tantos años,
de tantos sueños
que se incumplieron.
Son cicatrices,
de tus recuerdos.
Recuerdos;
de largos veranos,
veranos secos,
de tristes otoños,
de sufrimientos,
de fríos inviernos,
que de tus frutos
te desprendieron,
de primaveras
llegadas siempre,
muy a destiempo.

En tu tronco fuerte,
rugoso y viejo
a golpes de hacha,
la historia,
se fue escribiendo.

Viejo olivo,
caduco, enfermo,
hoy ya olvidado,
por tu avaro dueño.

Dónde están esos días,
que tanto té exprimieron,
dónde tus cosechas,
que rico le hicieron,
dónde esas primaveras,
en que aves canoras
desde esas tus ramas,
hacían los días más cortos
y el duro trabajo
más llevaderos.
Dónde esas tardes
que a tu sombra fresca,
siestas se durmieron.
Dónde está tu abono,
dónde están tus riegos,
dónde están las podas,
para seguir viviendo.

Hoy apenas miran
hacia tu terreno,
donde yaces caído,
olvidado y triste,
donde yaces muerto.

Ya no le eres útil
al ruin usurero,
ya han sacado de ti,
todo su provecho.

Un día un rayo
compasivo, misericordioso, bueno,
te convirtió en astillas,
con su hacha de fuego.
Acabo de un golpe
con tus sufrimientos.

Tu orgullo de olivo noble,
no té permitía mendigar cariño,
ni pedir remedios.

Tú mi viejo olivo
quedaste tendido
junto aquel sendero,
rodeado de jóvenes olivos
que elevan sus ramas
cargadas de frutos,
ofrendas del cielo.

Tu seca madera
quedo olvidada,
no la recogió nadie,
no la quemó el fuego,
abonó la tierra,
para que otros más jovenes
continúen viviendo.

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